“En Honduras, para sobrevivir, hay que ser una ‘buena’ víctima”

Honduras es desde hace semanas noticia por las masivas protestas de lxs indignadxs contra la corrupción y el pedido de renuncia a su presidente, Juan Orlando Hernández (JOH). Sin embargo, la crisis hondureña tiene un hito, un antes y un después, en el golpe de Estado que derrocó a Mel Zelaya el 28 de junio de 2009 y del que el actual gobierno es continuidad.
En vísperas de que se cumplan 6 años de esta fecha, difundimos una entrevista del Enredando las Mañanas del pasado 17 de junio a Neesa Medina, del Centro de Derechos de las Mujeres, en la que detalla la crítica situación que padecen las mujeres en un país signado por la violencia y la injerencia estatal del conservadurismo y  la iglesia católica, sus luchas y el vínculo con el feminismo latinoamericano.
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Neesa inicia su descripción de la realidad de las mujeres en Honduras a partir de un indicador que entiende vital, el avance en las luchas por el derecho a decidir y dando cuenta de un retroceso que data de los días siguientes al golpe de Estado: la prohibición de la anticoncepción de emergencia. 

“El contexto en Honduras no es solamente represivo pero también en retroceso. Algo que yo comento con mujeres que conozco que viven en otros países en América Latina, es que en Honduras está prohibido el uso, comercialización y promoción dela anticoncepción de emergencia. Hay una prohibición total a un anticonceptivo, y esto ocurre en agosto de 2009, justo después del golpe de Estado, cuando logran sacar el decreto ministerial de la Secretaría de Salud que logra prohibirlo y hasta el día de hoy continúa siendo ilegal en el país la anticoncepción de emergencia.

Esto ocurre en un país donde no existe la educación sexual, y el resultado es que Honduras es el segundo país en América Latina con la mayor tasa de embarazos adolescentes, superado únicamente por Nicaragua. Porque la violencia sexual es una constante en el país. Y aunque se quiera negar, o no se quiera investigar y por eso se pretenda ocultar las cifras reales, Honduras tiene una tasa enorme de violencia sexual. Apenas se denuncia un 2% y que no exista en el sistema de salud, como parte del paquete de atención inmediata a víctimas de violencia sexual, a sobrevivientes de violencia sexual, la anticoncepción de emergencia resulta entonces en embarazos como resultado de estas violaciones. Y eso no se concibe como un problema real del gobierno, no lo asumen como una responsabilidad, ni como una violación más al conglomerado de derechos que se les violan a las niñas, a las mujeres, a las adolescentes aquí, cuando son víctimas de violencia sexual, que además sabemos que no es una violencia que ocurre solamente una vez, y que en la mayoría de los casos son por personas conocidas, dentro de los hogares y ocurren de manera determinada.

Para el movimiento feminista, es un indicador muy fuerte ver cómo se mueve la lucha por el derecho a decidir, por un aborto libre y gratuito en América Latina, y en Honduras seguimos discutiendo sobre la anticoncepción de emergencia. Las élites fundamentalistas, que condicionan los votos en la cámara legislativa, tienen un poder muy fuerte, pero no hemos dejado de trabajar en esto”.

Uno de los ejes que preocupa profundamente al movimiento de mujeres y feminista local, es el modo en el que la violencia social se expresa sobre el cuerpo de las mujeres, que espanta a la hora de hablar de las tasas de femicidio y de violencia sexual.

neesa2“Hago este énfasis también en la violencia sexual, porque Honduras es el país más violento del mundo, pero solamente se toman en cuenta los homicidios. Creo que es un indicador muy particular, cuando ya se vive en una sociedad tan enferma, en una sociedad en el que el concepto de paz y violencia se encuentran tan distorsionados, que únicamente medimos la violencia en base a los homicidios y no en menospreciar la vida, es no querer reconocer el resto de manifestaciones de violencia que ocurren en el país. Tal vez para lograr tener un punto de comparación entre Argentina y Honduras, en Argentina la tasa de homicidios es de 5.5 por cada 100.000 habitantes. En Honduras, la tasa de homicidios de 2014, que ha sido la menor en los últimos cuatro años, es de 68 por cada 100.000 habitantes.

La diferencia es abismal, el vivir una guerra no declarada condiciona la vida de las personas en este país. En Honduras, ya no basta con ser víctima para sobrevivir, hay que ser una buena víctima. Hay que aprender a vivir del miedo y con el miedo constante. Porque no hay forma de vivir sin la posibilidad constante de que se le quite la vida al salir de la casa. Aquí la gente sale corriendo en la mañana y sale corriendo de regreso a su casa, no existe vida fuera. Vivimos en muros, vivimos entre toques de queda, vivimos con el constante temor de ser víctimas de secuestros, agresiones sexuales, homicidios, lesiones. Es constante, es aprender a vivir con la posibilidad palpable de ser víctima de forma diaria.

En Honduras la tasa de femicidios es de 12 por cada 100.000 mujeres. Eso fue el año anterior. En el 2013 era de 14.2 y para que tengamos una dimensión, menciono que la tasa de homicidios en Irak, que es un país en guerra, es de 4. O sea, solamente la tasa de mujeres en Honduras, es de 12.
Y ya que estamos hablando de cifras, hay una impunidad del 96% de los homicidios de mujeres. Y hay una impunidad del 98% en los casos de violencia sexual. Pero además hay una irresponsabilidad y un juzgamiento por parte de los elementos de seguridad e investigación en el país, para justificar de forma inmediata cualquier agresión contra mujeres, sin existir un mínimo acto de investigación. Siempre se acusa a la mujer víctima. Se la acusa por cómo andaba vestida, se la acusa por ser pobre, por ser joven, por andar en la calle, por caminar de noche, por tener un tatuaje, por ser rubia”.

El nivel de control sobre el cuerpo de las mujeres tiene en este ejemplo una muestra brutal:
“El último acto de control sobre la vida y cuerpo de las mujeres es que las maras, las pandillas, prohibieron a las mujeres que trabajan en los mercados tener tintes rubios o rojos. La policía dice que esto no es cierto, que esto es un acto para desestabilizar el país, pero en realidad, para las mujeres, es una posibilidad tan grande y un miedo tan real, que implicó para muchísimas de ellas ir a cambiar el color de su pelo de forma inmediata. Porque cuando se vive en un país con estos niveles de impunidad, de violencia y de corrupción dentro de las instancias que deberían ser las responsables de proteger la vida, la seguridad recae sobre una misma. Entonces, una misma tiene que tomar todas las medidas para procurarse sobrevivir en este país, porque nadie más lo va a hacer. No existe una institucionalidad para la cual la vida de las mujeres importe en Honduras”.

Neesa comparte cómo vivieron, a la distancia, las masivas movilizaciones contra la violencia hacia las mujeres en Argentina del pasado 3 de junio:

“Nosotras vivimos como feministas muy pendientes de las acciones que puedan hacer, o que hacen constantemente las feministas, las mujeres, y ver esa plaza llena a reventar con carteles, no solamente con mensajes fuertes sino también ingeniosos, mostrando también en la rebeldía, para nosotras fue como combustible para seguirle.

Envío un abrazo a todas y todos quienes lograron estar ahí, y al resto que no estuvo pero logró compartir por los espacios que, yo utilizo una frase, un concepto, un término, que es la promiscuidad de la información. A mí me parece increíble cómo podemos estar recibiendo información de un caricaturista portugués que tiene una amiga argentina y entonces hizo una caricatura del “Ni una más” y eso llegó a Honduras. Y eso yo lo vi y supe inmediatamente a dónde correspondía.
Creo que la fuerza también de la protesta nunca va a dejar de ser un alimento vigente, no solo para mostrar nuestro desencanto, sino  también para mostrarnos y reconocernos entre quienes pensamos igual, entre quienes sentimos igual. Por muy fácil y por muy buena que sea la herramienta de las redes sociales, internet, este mundo globalizado e interconectado por todos lados, es muy importante no perder ese espacio físico de encuentro también. Por eso es que las imágenes, así como las imágenes del ni una más y las imágenes de las antorchas en Honduras logran ese efecto, porque logran ponerle rostro a las luchas. Y son nuestros rostros. Qué cosa mejor que reconocer, y que lo reconozcan a uno, como compañero y como compañera”.

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