Javier Fagetti, hijo de Marta Sosa: “yo sé que daba un amor que quemaba”

WhatsApp Image 2017-05-22 at 15.41.35 (3)El pasado sábado 20 de mayo se conoció la noticia del brutal asesinato en Córdoba de Elsa Marta Sosa, testigo de causas de lesa humanidad en la ciudad de San Rafael, Mendoza.

Este lunes 22 de mayo, en el marco de un homenaje realizado en el Hospital Pediátrico por sus compañerxs de trabajo, su hijo Javier Fagetti brindó una conferencia de prensa, luego de haber pedido durante el fin de semana discreción y cuidado con la información que se difundía sobre la violenta muerte de su madre.

El sentido homenaje tuvo lugar en el patio interno del Hospital, donde compañerxs de trabajo y miembros del personal ofrendaron rosas rojas en el patio acompañadxs por los acordes de la canción “Como la cigarra”.

En primer lugar, Javier hizo referencia al escenario y al afecto que rodearon esta instancia en su lugar de trabajo, “la apoyaban cuando venía de San Rafael de dar el testimonio en el juicio, la recordaron o la abrazaron cuando se enteró que el 14 de junio iba a ser la sentencia, eran los compañeros de vida de ella, eran compañeros que militaban la salud pública también, mi vieja estaba todo el día militando por la medicina, por la salud pública, por las causas de lesa humanidad, era una militante. Por eso yo sé que daba un amor que quemaba. Era así y cuando la recuerdan, la recuerdan con ese amor. Es imposible olvidarla”.

WhatsApp Image 2017-05-22 at 15.41.35 (1)Javier Fagetti, integrante de la agrupación H.I.J.O.S., insistió reiteradamente en que aun no puede descartarse ninguna hipótesis en torno a lo sucedido. Hasta acá, explica, “son todas conjeturas, la justicia está investigando (…) Lo que sí está claro es que su condición humana, que tenia ella, la exponía a muchas cosas. El sospechoso que está detenido es un albañil que trabajaba en el techo (…) uno de los albañiles que ella lo trataba con muchísimo cariño como persona, porque decía que su condición social por ahí no era lo suficiente como para no dejarlo entrar al baño, o no darle un vaso de agua si lo necesitaba”. En relación al móvil del robo, Javier señala que efectivamente falta dinero en efectivo que Marta tenía para pagar a los trabajadores y unos regalos que había comprado para su nieto.

Sin embargo, remarca Fagetti, “La violencia con la que mi vieja muere es increíble, por lo tanto es alarmante y eso es lo que a nosotros nos abre el paraguas y nos hace cuidarnos, porque no nos olvidemos que lo que estamos juzgando en San Rafael son genocidas, que son capaces de hacer cualquier cosa para matar a las víctimas, seguir matándolas, atemorizar a la población, a los organismos de DD.HH. (…) Nosotros no descartamos que no esté ligado a lesa humanidad, nosotros tenemos custodia porque sabemos que el testimonio de ella en San Rafael fue contundente, no solamente diciendo quiénes fueron los que entraron a mi casa -a mi viejo se lo llevaron el 25 de febrero del 76 antes del golpe de estado-, sino que los marcó y mostró sobre todo lo que era la Juventud Peronista de San Rafael”. Marta fue una mujer fuerte y así la recuerda su hijo: “ella declaró siempre, no le tuvo miedo a los militares. Cuando mi viejo estaba desaparecido (…) ella golpeó todos los establecimientos policiales, fue a la justicia provincial, federal, no tuvo miedo en ese momento, menos iba a tener miedo ahora”.

Javier profundiza en torno a la manera en que se encuentran expuestas las personas que prestan su testimonio en los juicios por delitos de lesa humanidad, y explica que “vivimos bajo amenaza ya sea, verbal, telefónica, porque es así. No nos olvidemos que la causa se está llevando en San Rafael y lamentablemente por cómo es la justicia, tan benévola por ahí con estos personajes, los tipos andan en la calle todavía, por más que tengan domiciliaria pero se van del juicio, se suben al auto y se van a su casa (…) Yo vivo ahí y me escriben cosas en el parabrisas, me han dejado cartas en el consultorio, amenazas existen todos los días. Lamentablemente las naturalizamos. (…) No sé cuál fue la causal de esto -continúa-, pero encontrar a mi vieja en esa situación nos alerta a la sociedad misma, esa violencia que tenemos engendrada, que es muy difícil desterrar, sea el origen que sea”.

Por estos días, Marta se encontraba esperando la sentencia del juicio en el que se había constituido como querellante por el secuestro de su marido en febrero de 1975, Aldo Fagetti, militante de la Juventud Peronista y Montoneros y cuya sentencia estaba pronta a ser difundida. Javier recuerda que, al respecto, “estaba feliz. Es más, había postergado las vacaciones, hace un año, porque no sea cosa que justo le caiga cuando estaba la sentencia y se dilató mucho el juicio. Este juicio ya tendría que haber tenido sentencia hace un año y medio atrás. Pero cumplimos los plazos legales, las formas, para que los genocidas tengan un juicio justo, que se les dé la última palabra, porque no vamos a hacer lo mismo que ellos hicieron. Entonces les dimos el tiempo necesario para llegar a la sentencia y ella estaba muy feliz”.

Durante la mañana, finalizó el integrante de H.I.J.O.S., la familia de Marta se constituyó como querellante en la causa con el patrocinio de los abogados Claudio Orosz y Martín Fresneda.

En relación a los hechos, con los primeros indicios generan inquietud las similitudes con la investigación judicial que tuvo el caso de la testigo Silvia Suppo, asesinada en marzo de 2010 y también testigo de causas de delitos de lesa humanidad.

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