Día 3/ La cuenta pendiente de la perspectiva de género

Tercer día de audiencias y el cansancio de las horas de escucha atenta se acumula, en los cuerpos, en los rostros, en los ánimos. La dureza de los relatos que van componiendo el cuadro a pinceladas hace por momentos insostenible la permanencia en la sala.

Por Cobertura Colaborativa #AbsoluciónParaDahyana

 

dahy latfem

Este día comenzó pasadas las once de la mañana. Una vez más, se ocuparon todos los lugares designados a allegadxs de Dahyana Gorosito. También se repitió la asistencia de integrantes de la familia Oroná, que fueron aumentando a medida que declaraban y se quedaban en el recinto. Fue una jornada en la que comparecieron lxs nueve testigxs citadxs.

Walter Luna: “Si no le pega no es violencia”

El primero en comparecer al centro de la Cámara y frente al Tribunal y Jurado Popular fue Walter Maximiliano Luna, empleador de José Luis Oroná al momento de los hechos investigados (mayo de 2016).

Luna recuerda que aquella mañana de mayo, al llegar a la obra en construcción en la que estaban trabajando, alrededor de las 07:50hs, José Luis Oroná ya se encontraba allí y permaneció durante las ocho horas de trabajo en el lugar. En su recuerdo, Oroná “estaba normal, tranquilo, como si nada hubiera pasado”. Esa misma noche Luna recibe un llamado telefónico de Hugo Rodríguez, su tío y socio, quien le comenta que Oroná lo había llamado para contarle del robo de la bebé en el hospital de la localidad de Unquillo.

A lo largo de su declaración, el fiscal de cámara, Dr. Mariano Antuña, identifica en el relato inconsistencias, referidas a las fechas en que había ido a ver al empleado a su vivienda, en relación a declaraciones previas que el mismo Luna había dado. Además, sostenía que había ido a entregarle un préstamo de dinero que Oroná le había pedido, quien le comentó: “La hija de puta se escapó del hospital, y menos mal que no llegó a la casa sino nos mete en más quilombo”.

Sergio Job, abogado defensor de Dahyana Gorosito, se remitió a esas palabras de Oroná y le preguntó si le parecía normal que se refiera a Dahyana de ese modo, a lo que Luna respondió que era posible reaccionar así si te pasa algo con un hijo, y que “si no le pega no es violencia”.

 

Ana Facchinetti: “Escucharon que Luis le pegaba, que ella lloraba y gritaba”

La segunda testigo de la mañana fue Ana María Facchinetti, vecina de enfrente de los Oroná. Parece conocer de cerca y de hace mucho tiempo a la familia. Su testimonio brinda elementos para ir entendiendo los mecanismos que a lo largo de los años habían ido aislando a Dahyana y ubicándola en un lugar de sometimiento.

Facchinetti se enteró del nacimiento de la beba el mismo 19, y por la noche Jesús Oroná (hermano del imputado) le anunció que había nacido muerta por asfixia en el hospital de Unquillo y que no les querían entregar el cuerpito. Paso seguido, Facchinetti reconoció que esa es una de las tantas versiones que circularon sobre los hechos, ya que al día siguiente supo por su hija Bárbara, quien tenía contacto con Dahyana y la familia Oroná, que desde el hospital habrían llamado por teléfono a Alicia Oroná (hermana del imputado) diciendo que la beba estaba viva, “en cama fría”. “Ni siquiera sé si esa llamada existió”, concluyó.

Cuando el fiscal le pregunta si algo le llamó la atención con respecto a esos días, la mujer respondió que “la mamá de Luis, Nilda, y la hermana, Gladys, habían regresado a la casa y se pasaban de esquina a esquina. A Dahyana no se la veía”. Durante la etapa de preguntas, aclara que “cuando aparece el tema de esa criatura vuelven todos a esa casa, y son muchos. Ya todos se habían ido a vivir a otro lado y volvieron para esos días”.

En ese momento sale a la luz la situación familiar relativa a vínculos íntimos entre José Oroná (padre del imputado) con su esposa Nilda (la madre) y a la vez con su propia hermana, Rita (tía del imputado). La mujer comenta que un día le preguntó a Jesús si acaso él quería repetir la historia del padre y someterla a la chica, refiriéndose a Dahyana, a que lleve una vida como la que llevó su padre, haciendo alusión a la relación endogámica e incestuosa que tenía con su esposa y hermana a la vez.

Facchinetti declara que Jesús Oroná decía que “andaba” con Dahyana, y que ese embarazo era de él. Paso seguido ella reflexionó que así como lo dijo de “la chica” lo había dicho de otras mujeres, por lo que le decía a sus hijos (amigos de Jesús): “no repitan tonterías, no degraden así a las mujeres, si no saben cómo es”.

El fiscal, en igual tónica que los interrogatorios anteriores, preguntó a la vecina si había visto algún tipo de violencia por parte de Luis Oroná hacia Dahyana, a lo que respondió que una vez ella y su familia escucharon que Luis le pegaba, que Dahyana lloraba y gritaba “¡basta, dejame Luis!”. Como reacción, su hijo salió a la calle y le gritó “¡Eh, Luis, no seas abuso, si querés salí y peleá conmigo!”.

La mujer aclara que cuenta “lo que veía de esa puerta para afuera”, y que la chica, refiriéndose a Dahyana, nunca salía sola, que salía con Nilda, con “alguna de las chicas” o con Luis Oroná, y a veces con Jesús. “Desde que ella llegó a la casa nunca se la vio sola y nunca se le vió familia de la parte de ella”, aclaró. Las pocas veces que la vio sola fue cuando cruzaba a comprar al almacén que ella tenía en su mismo domicilio.

Sobre el momento de la aparición del cuerpo de Selene en la casa de los Oroná, Facchinetti contó que esa noche una niñita de su propia familia que estaba jugando en la casa de los Oroná, llegó llorando y gritando que estaba la bebita muerta entre los juguetes de Luisito (hijo de Dahyana y Luis). Cuando salieron a la vereda pudieron reconocer luces de linternas de celulares en el patio de atrás de los Oroná y escucharon picos y palas. “Estaban queriendo enterrar al cuerpito”, manifestó. Decidieron llamar a la policía y comenzaron a tirar piedras hacia aquel patio trasero, pues la policía tardaba en llegar. En ese momento salió Rita (hermana y pareja del padre del imputado) de la casa, diciendo que ellos ya habían llamado a la policía, porque habían encontrado el cuerpito.

José Oroná, padre de José Luis, fue el tercer testigo citado. Se abstuvo de declarar amparado en el vínculo de afinidad con el imputado.

Prosiguió el cuarto testigo citado de la jornada, Jonathan Lencina, sobrino de José Luis Oroná. Su pareja, Jessica Herrera, declaró el día anterior. Lencina declara que acompañó a Luis Oroná a las manifestaciones que hicieron frente al hospital Urrutia para denunciar el robo de la beba. Preguntado por su opinión acerca de Dahyana, a diferencia de todxs lxs testigos anteriores, el sobrino de Luis Oroná da una versión negativa de la relación de la joven con su hijo Luisito: “es una mala madre”. Jonathan manifestó que veía seguido a su primo José Luis, que iba a la casa pero que sólo hablaba con él, y no con Dahyana. También manifestó, entre respuestas confusas, que en la casa de su madre Dahyana lo había “provocado”.

Juan Carlos Ávalos, subdirector del hospital Urrutia, de la localidad de Unquillo, fue el último testigo antes del cuarto intermedio. Este nosocomio se encontró en el ojo de la tormenta cuando la familia Oroná denunció públicamente el supuesto robo de Selene. El médico expresó que lxs acusadxs llegaron al hospital el 20 de mayo manifestando que el día anterior Dahyana había parido allí, que había entrado por guardia en trabajo de parto, y reclamaban el cuerpito de la beba fallecida al momento de nacer. En el hospital tenían constancia de todos los controles de embarazo que Dahyana se había realizado allí. Comprobaron que la fecha probable de parto coincidía, pero no existía nada asentado en los registros de la institución, ni en la historia clínica, ni en las hojas de guardia. Tampoco lxs trabajadorxs del hospital sabían nada.

Ávalos manifiestó que cuando entrevistó -juntas- a las cuatro personas que estaban haciendo el reclamo (José Luis, Dahyana, Rita Oroná -hermana y pareja del padre del imputado, ya fallecida- y otro hombre adulto), le dió la impresión de que “había algo más”, “uno ve cuando las cosas se van poniendo complicadas”. Agregó que la señora Gorosito estaba bastante tranquila con la situación, que no tenía la angustia de un padre que pierde a su hijo, que no había sentimientos, “no había sentimientos de madre”, remarcó. Contó que ese mismo día se presentó ante la policía, y que ya había carteles, manifestaciones y quema de gomas en el hospital, que se extendieron todo el fin de semana. Cabe señalar que en el momento de la denuncia en el hospital, Dahyana aún creía que su hija Selene estaba viva y que lo que hacía le permitiría volver a verla.

Al retornar del cuarto intermedio, la primera testigo que comparece es Patrona Natalí Oroná, hermana de José Luis. A diferencia de lxs familiares cercanxs anteriores, ella no puede abstenerse a declarar porque lo hizo durante el periodo de la instrucción. Su versión se ajusta al relato de la familia, al punto de que ciertas formulaciones serán idénticas a las de testigos posteriores: “Luis trabajaba de la mañana hasta la tarde”. Como prácticamente todxs lxs testigos, reconoció que la relación de Dahyana con Luisito era buena.

Alicia Oroná, hermana de José Luis: “haría cualquier cosa por él”

Los dichos de Patrona Natalí fueron muy similares a los de Alicia Oroná, otra hermana de José Luis, que compareció en séptimo lugar y que también había declarado durante la etapa de instrucción. Alicia describe a su hermano como una excelente persona que “salía a la mañana y volvía tarde” de trabajar y afirmó que Dahyana maltrataba a su hijo. Agregó que la joven “siempre salía sola y decía que iba a verla a la madre”. Uno de lxs abogadxs le refrescó la memoria señalándole que tiempo atrás había declarado que sabía que la madre había fallecido. Empezó a tartamudear.  Job, abogado de Dahyana, preguntó acerca de su relación con José Luis, su hermano e imputado. En las declaraciones, Alicia había dicho expresamente que “él era todo para ella”, “es mi vida para mi” y dejó muy claro que “haría cualquier cosa por él”.

Volviendo a los testimonios del personal policial que intervino en los distintos momentos de la investigación, se escuchó a Claudio Bustamante, en ese momento subcomisario y hoy Jefe de la División Homicidios de la policía provincial. Bustamente fue comisionado en dos allanamientos a la vivienda de la familia Oroná. En uno de ellos, requisó diversos elementos y en otro hizo prueba de LUMINOL en el vehículo Renault 12 propiedad de José Luis. Ese vehículo estaba en la casa del vecino de enfrente.

El luminol es un prueba química que pretende evidenciar la existencia de material genético -rastros de sangre u otros fluidos- mediante químicos que reaccionan en la oscuridad a pesar de que se haya pretendido limpiar. Este procedimiento se realizó en la cabina y baúl del auto. Aunque el testigo no conocía los resultados, cabe señalar que las pericias posteriores dieron positivo en cuanto a la sangre en el baúl del vehículo.

Bustamante recuerda que el último allanamiento antes del hallazgo del cuerpo de Selene fue el 2 de junio, dos días antes y que fue exhaustivo. El policía afirma que no había olor en el lugar donde luego se encontró el cuerpo y que no se les pudo haber pasado el cuerpo del bebé. “No encontramos nada raro”, afirma.

La tercer jornada, y última de comparecencia de testigos, terminó con Facundo Vera, el segundo policía que viajó en la ambulancia el día que Dahyana se escapó del hospital Rawson donde estaba por las infecciones provocadas debido a las condiciones del parto (ver crónica Día 2). El relato de Vera coincide con el de la Sgto. Cortés sobre Dahyana entrando en crisis y contando que José Luis sabía todo lo que estaba pasando porque había estado con ella en el parto, que la beba estaba viva, que se la habían entregado a una persona y que ella “sólo quería ver a su hijo”. Recordó que en la ambulancia la joven describió el traumático parto y cómo había limpiado y envuelto a la bebé en una manta. Agregó que la notó muy agotada.

Perspectiva de género: un marco de interpretación que permanece ausente

El final de la jornada dejó un sabor amargo. A pesar de que se siguen acumulando descripciones de hechos de violencia de género por parte de Luis Oroná sobre Dahyana, agravados por su situación de vulnerabilidad y por la anuencia de toda la familia Oroná, da la sensación de que lxs integrantes del tribunal y el fiscal restringen sus preguntas e intervenciones a un solo aspecto: el de la violencia en su manifestación física, repitiendo muchos de los sesgos patriarcales que solemos ver en el sistema judicial.

Una lectura de las audiencias con perspectiva de género revela la resistencia a interpretar el aislamiento de Dahyana en el seno de los Oroná como indicio de la situación de violencia cotidiana y sistemática en la que vivía, al punto de no poder salir sola de la casa ni hacer ninguna denuncia individualmente .

También son palpables los prejuicios y estereotipos de género a la hora de la formulación de preguntas sobre Dahyana, siempre orientadas a establecer si era una “buena madre” y “buena mujer”, indagando sobre aspectos privados de la vida de la joven y ahondando en atributos de “su personalidad”: si era fiel, si era buena con Luisito, si tuvo emotividad o no con el subdirector del hospital y en toda circunstancia, indagaciones que nunca surgen en relación al otro acusado, Luis Oroná.

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