“La violencia psicológica provoca la destrucción del otro como sujeto”

Dialogamos con el docente universitario Eduardo Ortolanis respecto al modo en que la perspectiva de género se aplica en la Justicia Cordobesa y la preeminencia del concepto de “violencia familiar” en lugar de “violencia de género”.

Por Cobertura Colaborativa #AbsoluciónParaDahyana

ortolanis

Eduardo Ortolanis es docente de la cátedra de Teoría, Espacios y Estrategias de Intervención III y del seminario “Trabajo Social y Campo Jurídico” de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba.

Conocedor de la práctica jurídica local, sostiene que uno de los problemas más serios respecto a la perspectiva de género en la Justicia Cordobesa es que el sistema judicial cordobés no tiene una tradición importante en el tratamiento de casos de violencia de género, sino más bien, de violencia familiar. Esto significa que, a diferencia de los instrumentos legales sancionados a nivel nacional y de los aportes que el movimiento de mujeres ha ido generando, la legislación local -la Ley 9.283-, “lo que introduce no es la idea de violencia de género sino de violencia familiar, donde lo que se protege no es a la mujer como sujeto, sino a la familia, con todo lo que eso significa”. Y lo hace con un marco teórico en gran medida ajeno a las teorías de género.

Por ejemplo, explica el profesional, “en todo lo que es protocolo y demás, si la violencia es intrafamiliar se sigue tratando como violencia familiar y no como violencia de género”. Incluso son los juzgados que tramitan las causas de violencia familiar los designados como competentes en violencia de género, generando “un orden de confusión muy fuerte”.

La violencia hacia las mujeres: más que un estallido, una cuestión estructural

Para Ortolanis, otra de las cuestiones es que “no se puede llegar a percibir la sustancial diferencia que hay entre violencia familiar y violencia de género, siendo esta última estructural a la situación de la mujer en función de la ideología patriarcal que genera estructuras de dominación del varón sobre la mujer”.

Esto tiene consecuencias muy concretas como, por ejemplo, en relación a las dificultades para percibir como violencia de género la violencia en el trabajo, la violencia obstétrica, inclusive la violencia psicológica, que no tienen por donde canalizarse. Otra de las consecuencias es que, al no entender esas cuestiones como estructurales y no coyunturales, se abordan en términos de crisis y no como situaciones crónicas, lo que genera intervenciones que tienen un lógica episódica y no suelen resolver problemas de fondo.

En el ámbito penal, donde en general se trabaja en torno a hechos concretos, reconocer el carácter crónico y los largos procesos de consolidación de la violencia de género implica una dificultad importante. “Entonces -explica Ortolanis- aquella cuestión que alguna vez empezó como un reto, como una cachetada en el noviazgo, que termina con una cosa bastante más compleja en el largo plazo, como una censura, una frase hiriente, eso no siempre es buscado en las trayectorias para intentar identificar situaciones de violencia de género y donde la relación de violencia de género es mucho más que un estallido de violencia, que es un momento en lo que se describe como ciclos de las violencias (…) Entonces uno se cree que preguntando algo sobre cómo se siente hoy podría valorar una situación cuando lo que tiene que mirar es cómo se han ido dando los procesos en el tiempo, intentar identificar cómo han sido esos ciclos de violencia, en qué momento del ciclo se está y cuál es el nivel de gravedad actual”.

La construcción de la relación de violencia

Son múltiples los factores que van tejiendo el complejo entramado de la violencia en el que muchas jóvenes y mujeres quedan atrapadas. En primer lugar, el profesional explica que aquellas personas que sistemáticamente han sido vulneradas en sus derechos, tienen en general menos recursos para defenderse de aquello que les está agrediendo. Cuando hablamos de recursos, nos referimos a “recursos económicos, más posibilidades de apelación a instituciones, a profesionales, lo que les da posibilidades diferentes a la hora de pensar o de resolver una situación de agresión. Cuando los derechos son vulnerados sistemáticamente, carecés de muchas de esas herramientas que normalmente un sujeto iría creando en su proceso”.

En segundo término, uno de los ejes centrales de la constitución de la pareja son las múltiples formas de dependencia que se construyen. El docente explica que en toda pareja se van construyendo relaciones donde uno empieza a depender del otro para determinadas cosas. Sin embargo, “el problema es cuando esas dependencias se hacen extremas en términos de dependencia económica, dependencia emocional, inclusive las dependencias que tienen que ver con aquellas cuestiones simples de sostener en lo cotidiano, de poder obtener recursos básicos y mínimos para la subsistencia. En gente que depende a ese nivel del otro, es muy difícil destrabar situaciones que le permitan confrontar situaciones y pensarse en otro espacio que no sea ese (…) inclusive, a veces hasta hay formas de intentar resolver esas situaciones mediante mecanismos de sobreadaptación que en el mediano plazo o largo plazo se vuelven más perjudiciales todavía (…) y después se queda sin herramientas muchas veces”.

Los mandatos culturales patriarcales, aunque no son leyes, influyen

Ortolanis continúa desentramando las marcas del patriarcado en la justicia y plantea que también opera en el recinto cierta “fantasía construida que todavía no se llega a desterrar de los roles socialmente asignados, donde alguien cree que se puede ser mamá, papá o lo que fuese a partir de criterios solamente biologicistas”

“Hay una fuerte tendencia a adjudicar funciones y roles a la mujer por ser mujer, a la mujer-mamá por ser mujer-mamá, que en realidad son todos lo que hoy socialmente se está poniendo en cuestión no solamente para casos donde haya situaciones de violencia sino para casos genéricos”.

Cuando lxs funcionarixs judiciales deben abordar el tratamiento de un delito atravesado por un contexto de violencia de género la cuestión es más compleja aún, “es otro orden donde el componente de la violencia de género es un componente adicional de la definición de ese delito. Y ahí siguen operando estos mandatos culturales patriarcales que tienden a culpabilizar inmediatamente a aquel que tiene el rol socialmente asignado (…) Dentro del rol socialmente asignado, los padres tienen que dar la vida por sus hijos, hay toda una cuestión de puros mandatos culturales. No salen de otro lado, ni siquiera legal”.

Las marcas indelebles de la violencia psicológica, más duraderas que los golpes

Uno de los cambios más notables que las teorías de género han introducido en el abordaje de la violencia es la amplificación de su tipificación más allá de la violencia física. Sin embargo, continúa siendo muy difícil su identificación y su sanción, sobre todo cuando se habla de la emocional o psicológica.

Ortolanis explica que existen diversos estudios que establecen que estas formas de violencia menos visibles provocan mayor daño que la violencia física y son mucho más difíciles de superar. Esto se debe a que, muchas veces, “ese tipo de violencias lo que provocan es la destrucción del otro como sujeto”.

“El cuerpo por ahí puede volver a sanarse. Pero sanar aquellas cuestiones que tienen que ver con la automirada, la autoestima, la constitución subjetiva de uno, es sumamente complejo, mucho más difícil de abordar y de tratar que cuando se trata de violencia física”.

Por otro lado, estas formas de violencia son difíciles de establecer para una justicia en la que todavía prima una versión muy positivista en la que se tiene que “poder confirmar tangiblemente algo a los efectos de poder atribuir algún signo”.

“Hasta hace poco, era difícil incorporar en la justicia algo que no se tramitara en términos de prueba, en el sentido más tradicional, palpable. Y eso en algo ha ido cambiando en función de lo que ha sido el movimiento de derechos humanos, el movimiento de mujeres, el movimiento de infancia, sobre todo. Donde las valoraciones técnicas pueden ser introducidas como prueba y la valoración técnica no necesariamente es a partir de un hecho, sino de indicadores”.

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