Alexis Cortés y situación de Brasil: “Preocupa la posibilidad de un golpe”

El analista, experto en política brasileña, señala que la polarización del gigante sudamericano, luego del fallo que condena a 12 años de prisión a Lula, está alcanzando niveles preocupantes. Los altos mandos del Ejército y el Poder Judicial han ejercido presiones que, probablemente, derivarán en movilizaciones sociales a lo largo y ancho de todo el país. La institucionalidad brasileña pende de un hilo.

La madrugada de este jueves El Supremo Tribunal Federal de Brasil emitió un fallo que condenó a Luis Inacio Lula Da Silva, ex Presidente de Brasil, a 12 años y un mes de cárcel por corrupción y lavado de dinero. Esto, luego de que los jueces rechazaran en una votación dividida el hábeas corpus solicitado por la defensa del ex mandatario del gigante sudamericano y que aspiraba a evitar su arresto mientras duraba su apelación por la condena.

El fallo perjudica directamente la candidatura presidencial de Lula que, hasta el día de hoy, es por lejos el mejor posicionado por las encuestas para asumir un nuevo gobierno. En conversación con Patricio López, el analista Alexis Cortés explicó el panorama político actual en ese país.

¿Qué quiere decir en concreto el fallo de la Suprema en Brasil?

El fallo reemplazó el periodo de hábeas corpus preventivo solicitado por Lula para poder continuar respondiendo en libertad al proceso en el que ya fue condenando en primera y segunda instancia. ¿Cuál era el fundamento de ese pedido? Que la Constitución de la República Brasileña consagra una cláusula pétrea para la presunción de inocencia de un acusado. Por tanto impide su prisión a no ser de que se agoten todos los recursos de apelación, salvo en casos que hayan sido fundamentados por los jueces. Al final los votos de los jueces favorables al hábeas corpus arguyen que el pedido de prisión de Lula no estaba fundamentado, por lo tanto los jueces de primera instancia pretendían encarcelarlo argumentando que podían hacerlo, pero sin dar una razón sustantiva para ello.

De lo que se acusa a Lula es del origen irregular o ilegítimo de un departamento en el balneario de Guaruja en el estado de Sao Paulo. ¿Qué tan comprobado está esto? Llama la atención que la razón por la que se está juzgando a Lula no es por haber recibido dinero, sino por haber recibido un bien raíz…

La mayor parte de los críticos de este proceso muestran que la condena a Lula está más basada en convicciones que en pruebas. Hasta el momento no se ha entregado ninguna prueba que indique que ese departamento fue efectivamente traspasado a Lula Da Silva como una forma de retribuir las gestiones que favorecieron a algunas de las empresas constructoras durante su periodo de gobierno. Incluso, cuando se produjeron los embargos de las propiedades de Lula, este departamento no fue embargado, y continuó bajo propiedad de la empresa constructora que supuestamente habría tratado de comprar al ex Presidente. Queda la impresión de que todo este proceso, al contrario de lo que se ha señalado, no muestra la igualdad de condiciones de los ciudadanos frente a la ley, sino que más bien el proceso ha sido maniobrado negativamente precisamente porque se trata del ex Presidente Lula. En última instancia lo que busca es impedir que Lula, como líder del Partido de los Trabajadores (PT), pueda llegar nuevamente a la presidencia considerando que continua siendo el candidato con más probabilidades de ser electo por las encuestas que han sido publicadas recientemente.

¿Qué consecuencias tendrá esto en la imagen de Lula? 

La mayor parte de las tesis indican que esto llevaría a una especie de martirización del líder del Partido de los Trabajadores. Es bastante coherente además con su discurso y con su apelo epistológico histórico dentro del PT. Yo creo que es bien probable que Lula y el PT sigan insistiendo con su campaña. Si bien se inviabiliza la posibilidad de que sea electo llevándolo a prisión, él podría inscribir su candidatura, podría hacerse campaña, incluso podría resultar electo hipotéticamente. Sin embargo en un determinado momento entraría a operar lo que se conoce en Brasil como la “ley de ficha limpia”, que sería algo así como las candidaturas sin antecedentes penales, y eso llevaría a que se declare ilegal su elección. La consecuencia institucional de esto es que pondría más presión a una olla que ya se encuentra a punto de explotar, que es la institucionalidad brasileña.

¿Qué le convendría más al PT? Algunos sugieren llegar con Lula incluso hasta la victoria, para agudizar las contradicciones, pero otros dicen que es mejor que Lula señale un delfín y pueda traspasarle buena parte de su capital político…

Efectivamente hay dificultades en el PT para poder transferir el capital político que detenta Lula, aunque él lo logró conseguir con Dilma. A mí me parece que lo más probable es tratar de seguir insistiendo con la candidatura, porque el PT puede insistir y cambiar el nombre en septiembre, con la elección bastante avanzada. Me da la impresión de que el resultado adverso de anoche indica que la señal es mucho más amplia, y busca impedir que cualquier grupo de centro izquierda pueda nuevamente tener una posibilidad de volver por vía de votos a la primera magistratura. El PT realmente se encuentra en una encrucijada. Por otro lado, todos los intentos por tener un Plan B en caso de que Lula no pueda presentarse, han sufrido una persecución similar a la de Lula. Se habló de Jaques Wagner, el ex gobernador de Bahía, quien poco después de que empezó a sonar su nombre como posible sustituto, sufrió una operación policial también acusándolo de una supuesta corrupción.

No se saben aún los alcances que esto pueda tener en términos de movilización social. El día anterior habíamos presenciado el gravísimo intercambio de twitteos del alto mando del Ejército brasileño. ¿Cómo ves el futuro institucional de Brasil?

Yo comparto la preocupación de un posible golpe. Luis Felipe Miguel, un analista político brasileño, cuando se produjo el inicio del impeachment, señalaba que Brasil vivía una transición hacia una dictadura. El general Villas Boas, el Comandante en Jefe del Ejército brasileño, es un general que tenía un prestigio institucional y profesional bastante alto por sus declaraciones bastante moderadas y constitucionales, hasta ahora. El tweet que escribió antes de ayer efectivamente es sumamente grave, porque básicamente lo que dice que el Ejército está con las personas de bien, contra la corrupción y contra la impunidad, generando una presión fuerte hacia el Tribunal Superior de Justicia que ayer juzgó el habeas corpus. Las reacciones de algunos generales en retiro y otros activos señalaban su disposición para eventualmente interceder y actuar en caso de que así sea requerido.

La respuesta que le da un general subalterno, cuando le dice que está a su disposición, da cuenta de una tendencia en la que uno se permite pensar que los generales no se mandan solos. 

No, a pesar de que ayer hubo un tímido rechazo por parte del Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea, señalando que el Ejército no podía imponer sus puntos de vista en política por la fuerza. Aun así, el precedente es sumamente grave. Vale la pena recordar las declaraciones que le fueron interceptadas al senador Romero Jucá hace algún tiempo, en las que básicamente transparentaba todo el guión detrás del impeachment contra Dilma. Él decía que había que generar un gran acuerdo nacional, con la Corte Suprema, con todos, para estancar la hemorragia que estaba produciendo la operación Lava Jato en el mundo político, sobre todo en el mundo político ligado al partido que actualmente está en el gobierno, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño de Michel Temer. Había que sacar a Dilma, poner a Temer para acabar con la hemorragia, y básicamente que solo los políticos del PT terminaran presos, y él señalaba además que los militares estarían de acuerdo con ese esquema y el poder judicial también. Tanto la decisión del Poder Judicial, como las declaraciones de Vilas Boas y las reacciones de algunos de sus subalternos, indican que Romero Jucá estaba anticipando un escenario que hoy es cada vez más patente y que siembra muchas dudas respecto del futuro institucional de ese país. Lo que preveo es que va a haber una polarización aún mayor en una sociedad que está extremamente polarizada en torno a la figura de Lula y además muestra que el ciclo político trazado por la Constitución de 1988 se encuentra totalmente agotado y que la posibilidad de desarrollar una política de acuerdos como la que venía produciendo el PT es tácticamente inviable en estos momentos.

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