Día Internacional de Lucha contra la Violencia hacia las Mujeres. El desafío del 25 de noviembre en el año del 3J

Cobertura conjunta Mucho Palo Noticias/Zumba la Turba

Diez mil fuimos quienes salimos a las calles cordobesas en la tarde del 25 de noviembre. Diez mil quienes nos movilizamos en el Día de lucha contra la violencia hacia las mujeres. Diez mil lxs que caminamos el centro de la ciudad, tras la bandera “Ya dijimos Ni Una Menos. Que el Estado dé respuestas”. Diez mil que, además de realizar el trayecto desde la esquina de Avda. Colón y Cañada hasta la explaza Velez Sarsfield, portaron carteles con consignas como: “Ni una menos” o “Ningún pibe nace macho” o “Basta de femicidios”.

Escuchar voces de la marcha contra la violencia hacia las mujeres. AUDIOS de Julieta Fantini, integrante del colectivo Ni Una Menos. Andrea, de Ovarias o Ninguna, artesanas. Maru Acosta, hermana de Paola. Ruth Ahrensburg y Conrado, de la Asociación ConVoz por una vida sin violencia. Vale, del Centro de Estudiantes del Manuel Belgrano. Isabel, de la Red de Mujeres de los Barrios. Vanesa denuncia y escracha a su expareja por violento. Belén denuncia la desaparición de Natalia Alvez de Paula. Paola Bernal, Elisa Gagliano, Vivi Pozzebon/tamboreras, Las Perez Correa, Coty Tormo hablan como artistas de su participación y del rol de las trabajadoras de la cultura en esta lucha.

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La movilización fue colorida, diversa, con multiplicidad de identidades, mensajes, carteles, banderas, intervenciones, dando cuenta de la manera en que este reclamo ha atravesado la sociedad. Organizaciones sociales, estudiantiles, sindicatos, partidos políticos, los de izquierda y otros que no (incluso testigos afirman que había una veintena de militantes del PRO!) estuvieron presentes. Algunxs para la foto. Otrxs, por suerte, vienen transitando con mayor o menor éxito el lento recorrido de empezar a cuestionar y deconstruir los caminos y recovecos de la violencia machista.

Pero, como decíamos en ocasión del ‪#‎NiUnaMenos‬ del 3 de junio, “La buena es que hoy se sienten todxs obligadxs a salir con el cartelito. Se sienten obligadxs porque socialmente está instalada la exigencia, porque en la mayor parte de la sociedad -aunque no en toda-, nadie puede salir felizmente a reivindicar o justificar el femicidio. Aunque lo hagan puertas adentro, y en sus fallos judiciales, y en sus clases, y en sus misas. Eso no es porque sí. Eso es porque muchas, muchxs, venimos desde hace años denunciando el carácter estructural, sistémico, de la violencia hacia las mujeres, de la violencia heteropatriarcal. Porque los movimientos feminista y de mujeres venimos instalando de hace tiempo ese zumbido, ese ruidito, en forma de discurso, intervención, protesta, marcha, cartel, canción, acción, encuentro, que busca/ba desnaturalizar lo que se pretende natural, la dominación, la opresión, la violencia patriarcales y su necesaria convivencia con el capitalismo y el colonialismo. Antes, mucho más solas.”

Es probable que no todxs supieran que la fecha de la movilización no era casual y que las feministas marchamos desde hace años los 25 de noviembre. Que ese día fue elegido para visibilizar la violencia hacia las mujeres porque fue la fecha en que, en 1960, las fuerzas del terror de la dictadura de Trujillo asesinaron a golpes a Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, las Mariposas dominicanas que resistían la dictadura. Tres mujeres bravas, que habían logrado infiltrarse en los círculos de confianza del dictador mientras participaban de los movimientos de resistencia. Que fueron asesinadas por mujeres y por rebeldes. Por mujeres y por fuertes. Por mujeres y por militantes políticas.

Este 25 de noviembre implicaba un doble desafío para la lucha contra la violencia. Por un lado, el de una vez más reafirmar colectivamente que ésta sigue siendo una fecha en la que debemos encontrarnos para visibilizar que el machismo, el patriarcado y su violencia no son “un tema de otras épocas”, que no se ha alcanzado la tan aclamada “igualdad de géneros” y que la lucha feminista continúa con toda su vigencia, reconfigurada por nuevas formas de violencia colonial, capitalista y patriarcal. Más allá y más acá de los contextos electorales.

Por otro, la responsabilidad de demostrar que la masiva movilización nacional del pasado 3 de junio trascendió largamente el “hecho” periodístico, presentado y abordado como una reacción espontánea y surgida de la nada por los medios hegemónicos y por lxs oportunistas de toda ralea que el 4 de junio volvieron a sus cómodos privilegios patriarcales.

De poner luz y palabra sobre la conexión de las reivindicaciones del “NiUnaMenos” –que con alegría escuchamos de boca de estudiantes, periodistas, trabajadorxs, vecinxs, militantes-, con las luchas de décadas y siglos del movimiento de mujeres en todos los ámbitos de la vida.

De, además, redoblar la apuesta y darle un profundo contenido feminista, que exponga todas las violencias contra las mujeres –mediáticas, institucionales, simbólicas- que aportan cotidianamente a consolidar una tolerancia social hacia la violencia que solo se conmueve ante el femicidio, ante la muerte.

De sumar a fortalecer un movimiento que permita dar respuestas colectivas a las agresiones, que nos organice para seguir luchando por el reconocimiento de nuestros derechos, sea quien sea quien ocupe el lugar del estado.

No hubiera sido fácil de sobrellevar ayer una marcha silenciosa o poco numerosa. Y, aunque no alcanzamos las cincuenta mil, no lo fue.

Y no lo fue por una razón que no debemos olvidar, y que en estos tiempos deberemos tener bien presente: no hay lucha popular que no deje aprendizajes de resistencia inscriptos en la memoria de los pueblos.

¡Viva entonces nuestra memoria rebelde, feminista, anticapitalista y anticolonial!

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